Despertando los sentidos
Por: Wendy Brosse.
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Cuando pensamos en un bosque tropical lluvioso inmediatamente vienen a nuestra mente imágenes como árboles muy altos y frondosos, plantas de enormes hojas, frutos, lianas, quebradas recorriendo el bosque y muchos animales, esto es debido a que muchas personas hemos tenido la oportunidad de conocer alguno de estos bosques o porque los hemos visto en documentales y fotos.
Lo cierto es que el bosque nos ofrece mucho más que paisajes inolvidables, si prestamos un poco más de atención, en el bosque de Tirimbina por ejemplo, además de la vista podemos utilizar sentidos como el oído, olfato, e inclusive, con un poco de cuidado de insectos como la hormiga bala (Paraponera clavata) y serpientes, el tacto, esto nos permite una mayor conexión con el bosque.
Apenas pasando el jardín y antes de entrar al bosque hay que atravesar un puente suspendido sobre el río Sarapiquí; el cual nos ofrece un concierto de emociones, basta cerrar los ojos y escuchar el agua fluyendo para empezar a relajarse y olvidar el mundo exterior.
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Ya dentro del bosque en cualquiera de los senderos de la reserva biológica Tirimbina se pueden vivir estas experiencias y escuchar el estridente sonido de las chicharras, menos frecuente pero aún muy común, escuchar las oropéndolas (Psarocolius montezuma) con su peculiar sonido que a mí me recuerda a una bolsa plástica, los tucanes comunicándose a lo largo del puente o en el bosque, los monos congos (Alouatta palliata) imponiendo su aullido (que si logramos seguir podemos llegar hasta donde está la manada), la ranita roja (Oophaga pumilio) que a pesar de ser sorpresivamente pequeña para la mayoría de los visitantes, su canto no pasa desapercibido. Si prestamos más atención inclusive se puede escuchar la hojarasca moviéndose, si es un sonido de algo grande puede ser un mamífero mediano como un armadillo o una guatusa, si más bien el sonido es de algo pequeño puede ser de un reptil como una lagartija, si es rápido y con pausas, o de una serpiente desplazándose si es más sutil.

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Los olores así mismo provocan que nos hagamos mil preguntas sobre el bosque: ¿para que esta semilla de canfincillo (Protium) huele tan fuerte y es tan aceitosa?, ¿porque esta flor de ylang ylang perfuma con tan agradable olor al sendero o la entrada al puente?
Estas preguntas hacen volar nuestra imaginación en busca de respuestas y nos hace pensar sobre las diferentes estrategias de polinización, dispersión y advertencia que posee la flora. También nos pueden advertir sobre la presencia cercana de algún animal como saíno (Tayassu tajacu) o una planta que se llama igual y huele igual, o simplemente la felicidad que provoca detenerse en medio de un sendero a intentar separar cada una de las fuentes de donde viene el conjunto de olores (tierra, hojas, flores, frutos, animales), nos permite sumergirnos en un mundo menos superficial.

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En cuanto al tacto en el bosque hay infinidad de texturas diferentes; hojas suaves y peluditas, algunas más bien parecen una lija, otras siempre están frías, así como los troncos que tienen musgo, que se sienten húmedos y fríos. En algunos troncos y raíces se puede ver una especie de gelatina que puede ser desde resinosa hasta muy acuosa. Las semillas también pueden ser pegajosas para adherirse a animales y así ser dispersadas o ser aladas para que sea el viento que se encargue de la dispersión
Bueno, les podría contar muchísimo más sobre el bosque de Tirimbina, pero mejor vengan y descubran todos sus secretos y misterios por ustedes mismos, al final de cuentas cada quien tiene su propia forma de clasificar olores, texturas y sonidos y nunca va a ser lo mismo que se lo cuenten a vivirlo.
Así que recuerden, más que abrir bien los ojos, despierten los sentidos…
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